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La lanza del destino

La lanza del destino

Un gran misterio rodea la Lanza del Destino, también conocida como la lanza sagrada, que fue usada por algunos personajes de la historia, como Carlo Magno y Adolf Hitler, quienes confiaban en una leyenda que afirmaba que tenía poderes especiales que la hacían invencible.

Su origen proviene del uso que le dio un soldado romano llamado Cayo Casio Longino, quien hirió a Jesús cuando este fue crucificado. En razón a esto, Longino pasó a ser una estatua en la Basílica de San Pedro.

Los historiadores sostienen que Carlo Magno era un fiel creyente de la magia de la lanza sagrada, según la cual esto hizo que ganara grandes batallas, hasta que un día la lanzó por accidente, produciéndose su muerte.

Todos los que osaran tirar la lanza, tenían una muerte segura, como le ocurrió también a Federico I Barbarroja.

Hitler el obsesivo

Hitler, cuando era joven, tenía muchas ambiciones, y una de ellas era que siempre quiso conocer la Lanza de Longino, ya que había oído que esta había herido a Jesús en la cruz. Esto se convirtió en una obsesión para él, afirmando que su uso le permitiría ganar la Segunda Guerra Mundial.

Este pensamiento era una constante en su mente. Cuando su ejército tomó la ciudad de Viena, Hitler se apoderó de la reliquia, llevándola de nuevo a Alemania. Optó por resguardarla en Núremberg, donde pasó varios años.

Para Hitler, la leyenda popular era confiable, de allí su deseo de tenerla como una reliquia muy preciada.

Una reliquia y su verdad

La Lanza de Longino aparece en el siglo VIII, fabricada de oro y plata, que sirvió de inspiración para la creación de otras lanzas que reposan en la Basílica de San Pedro, en El Vaticano. Aunque de ellas no se dice que tengan poderes misteriosos.

Sin embargo, esta lanza estuvo en manos de grandes reyes y emperadores, relacionados con el Imperio Germánico, quienes sostenían que quien tuviera esta lanza bajo su dominio, sería el dueño del mundo y que jamás perdería una batalla.

Ante todas estas creencias, además de los distintos misterios que encerraba la lanza del destino, llegó a convertirse en un símbolo divino con poderes extraordinarios.

El Tercer Reich y su símbolo de poder

El Imperio Alemán no estaba muy convencido de la exagerada obsesión de Hitler por dicha lanza.

Algunos pensaban que él no creía que esa reliquia le permitiera salir victorioso en la guerra, según ellos, para el Furher era un elemento simbólico, pero Hitler demostraba lo contrario.

Hitler era un amante de las reliquias sagradas, a pesar de que no comulgaba mucho con el cristianismo, porque él sostenía que este había originado el judaísmo, pero sus delirios de grandeza lo llevaban a querer tener todo lo que fuera transcendente y especial en el mundo.

Su obsesión no tenía límites, se encerraba a solas con la lanza sagrada, la miraba y la acariciaba, y pedía que le ayudara a cumplir todos sus deseos. Por eso, la trasladó a Núremberg y fue expuesta en la Iglesia de Santa Catalina.

Para él, este objeto sagrado y el nazismo fue el símbolo del poder nazi por mucho tiempo. Cuando Hitler daba sus discursos, se hacía acompañar por la lanza sagrada.

Para el momento en que el ejército alemán empezó a retroceder, el Furher sintió mucho miedo y decidió salvaguardar la lanza del destino, trasladándola a un espacio antiaéreo y, posteriormente, a la recámara del búnker de la Planier Platz.

El ejército estadounidense encontró la lanza del destino después de finalizada la guerra, contando con la ayuda de algunos militares nazis que decidieron rendirse. Los americanos decidieron devolver la lanza sagrada a Viena, donde los turistas pueden apreciarla en sus visitas.

La lanza del destino sigue siendo famosa y rodeada de misterios; por tal razón, continúa creando obsesiones a los creyentes de sus poderes.

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